Doctrina
La siguiente "Declaración de Fe" fue adoptada
por la Conferencia Anual de la Alianza Cristiana y Misionera de Chile,
celebrada en Temuco con fecha 6-8 de enero de 1943, y es una expresión en
síntesis de nuestras creencias evangélicas.
- Creemos en la inspiración plenaria y verbal de las Escrituras del
Antiguo y del Nuevo Testamento en sus documentos originales como la
Palabra de Dios autentica y genuina; ellas constituyen una revelación
completa de su voluntad para la salvación de los hombres y son por lo
tanto la única regla divina de la fe y la práctica cristiana. (2 P.
1:19-21; 2 Ti. 3:15-16)
- Creemos que hay un Dios infinitamente perfecto que existe eternamente
en tres personas: El Padre, El Hijo y el Espíritu Santo. (Dt. 6:4; Mt.
5:48; 28:19)
- Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el
Espíritu Santo y nació de la Virgen María. Murió en la cruz, un
sacrificio en sustitución por los injustos; y todos los que creen en El
son justificados a base de su sangre derramada. Resucitó de entre los
muertos conforme a las Escrituras; está a la diestra de la majestad en
las alturas como nuestro gran Sumo Sacerdote; de donde volverá otra vez a
establecer en la tierra su reino de justicia y paz. (Fil. 2:6-11; Lc.
1:36-38; 1 P. 2:24; 3:18; Ro.5:9; Hch. 2:23-24; He. 8:1; Mt. 26:64)
- El Espíritu Santo es una persona divina;
Ejecutivo de la Trinidad; Consolador enviado por el
Señor Jesucristo para habitar en el creyente,
guiarlo e instruirlo; a redargüir al mundo de
pecado, de justicia y de juicio. (Jn.14:15-18;
16:3,7-11)
- El hombre fue creado originalmente a imagen y semejanza de Dios; cayó
por desobediencia, incurriendo así en muerte física y espiritual. Todos
los hombres nacen con una naturaleza pecaminosa, hallándose, por lo
tanto, desprovistos de la vida divina, y sólo pueden ser salvos mediante
la obra expiatoria del Señor Jesucristo. La suerte del impenitente e
incrédulo es una existencia perpetua de tormento, y la del creyente de
gozo y felicidad eterna. (Gn.1:27; Ro 3:23; 1 Co. 15:20-23; Ap. 21:1-4,8)
- La salvación es una provisión hecha por
Jesucristo para todos los hombres; aquellos que lo
acepten a Él por la fe son renacidos del Espíritu
Santo y reciben el don de la vida eterna, siendo
hechos hijos de Dios. Tit. 3:4-7
- Habrá una resurrección corporal de los justos y
de los injustos; los primeros resucitados para la
vida y los segundos para juicio. (1 Co. 15:20-23;
Jn. 5:28-29)
- Creemos que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo,
un organismo mas bien que una organización, formada
por los redimidos durante la época de la gracia,
desde Pentecostés hasta el Segundo Advenimiento del
Señor. La edificación de esta iglesia es la obra
preeminente de Cristo durante la dispensación
actual, de acuerdo con sus propias palabras en Mateo
16:18: "Sobre esta roca yo edificaré mi Iglesia".
Puesto que la iglesia es aquel "Pueblo para su
nombre", escogido de entre gentiles y judíos, se
requiere la mayor y más amplia predicación del
Evangelio para la realización de dicho fin. Creemos
que es de esencial importancia reconocer la unidad y
la unión de la verdadera Iglesia como el Cuerpo de
Cristo y el medio de su manifestación al mundo. (Mt.
16:18; Hch. 15:14)
- Es la voluntad de Dios que cada creyente sea
enteramente santificado mediante la obra del
Espíritu Santo, siendo por ella separado del mundo y
del pecado y plenamente consagrado a Dios para una
vida santa y un servicio efectivo. Esta obra del
Espíritu Santo en el creyente, llamada la
santificación, se reconoce como una experiencia
subsiguiente a la conversión. (1 Ts. 5:23; Hch. 1:8; Ro 6:1-14)
- En la redención del Señor Jesucristo se ha hecho también provisión
para la sanidad del cuerpo mortal en conformidad con Su Palabra. Según lo
expuesto en Santiago, capítulo cinco, la unción con aceite ha de
practicarse por la iglesia en el presente siglo. (Mt. 8:16-17; Stg.
5:13-16)
- De acuerdo con las profecías de ambos Testamentos y las promesas a
Israel, el reinado Mesiánico y Milenario de Cristo será establecido
mediante su propio advenimiento personal y visible a la tierra en poder y
gloria. Es ésta una verdad práctica que debe estimular poderosamente la
obra de la evangelización y la pureza de vida. (He. 10:37; Lc. 21:27;
Tit. 2:11-14)
- Las Escrituras enseñan claramente el deber de todos los creyentes de
vivir una vida de fe y de sacrificio, y de entregarse continuamente a la
oración y la intercesión a favor de otros.