
Por Pastor Néstor Marabolí
27 de Septiembre de 2009
En uno de los libros de colegio de mi hija, encontré este lindo poema titulado “Las Estrellas” y que escribe el argentino Germán Berdiales:
“En cuanto oscurece se van abriendo, unos tras otros, los balcones del cielo y, sin ningún ruido, empiezan a asomarse por ellos las estrellas.
Las muy curiosas se pasan las noches y las noches espiando lo que hacemos nosotros en el patio y, aunque ya se les cierran los ojitos de sueño, ninguna quiere ser la primera en irse a la cama.
Y, ¡claro!, por fin no pueden mas y terminan por dormirse como unas tontitas en sus mismos balcones.
¡Así es como todas las noches se cae alguna estrella!”
Podemos pensar que este escritor y periodista, una noche cualquiera, se pone a mirar el cielo y nota esta maravillosa perfección; todas las noches salen las estrellas y siempre se puede ver una estrella fugaz, que parece caerse del mismo cielo. Con su ágil pluma, lo escribe en un pícaro e ingenuo lenguaje infantil.
Sin embargo, esto es mas que un cuento infantil. La creación, su perfección, su belleza nos hablan de la grandeza y sabiduría del Supremo Creador. Ya lo decía el Salmista “Los cielos cuentan la Gloria de Dios...Y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz....” (Sal. 19:1-3) Sin que la Creación nos de una voz audible, con sólo mirar; la perfección, el paso siempre del día a la noche, de los meses y sus estaciones, tenemos que entender cuan grande es nuestro Dios. El Dios que lo prometió a Noé (Gn. 8:22) Él es el dueño del día y la noche (Sal. 74:16-17). Y frente a esta grandeza de Dios, obligadamente nos encontramos con nuestra pequeñez ¿Qué es el hombre para que Dios se acuerde de él o le haga cercana su presencia? (Sal. 8:4) ante esta pregunta tenemos que reconocer; nuestra fragilidad, lo corta de nuestra vida, y nuestra incapacidad de sostenernos a nosotros mismos. Sin embargo, Dios a tenido misericordia de nosotros y nos ha dado su amor entregándonos a su Hijo precioso (Ro.5:8). Qué mejor regalo que la vida eterna, Qué mejor regalo que estar un día en la presencia de Dios. Si Ud. Lo cree, recibe a Jesucristo y le sirve fielmente, morará eternamente con Dios.
“He aquí, entre los hombres, está la morada de Dios, Él morará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios”. (Apoc. 21:3 NVI)



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