
Por PR. NÉSTOR MARABOLÍ
Viernes 11 de Diciembre de 2009
Sin duda alguna este año, como ningún otro, ha estado marcado por los conflictos laborales y las demandas sociales, y en este contexto, cómo podríamos olvidar el que probablemente fue el más grande y prolongado de los movimientos, y por otro lado, el que involucró a más personas, me refiero al paro indefinido de los profesores.
Los educadores estaban reclamando algo que según ellos se les prometió a principio de los ochenta cuando la educación en Chile se descentralizó, cuando dejó de pertenecer al Ministerio de Educación para llegar a ser una responsabilidad comunal y el Estado como subsidiario seguía aportando.
En términos sencillos, eso que conocemos como la municipalización de los colegios, para una gran cantidad de profesores implicó una especie de cambió de empleador, lo que habría generado este compromiso de pago, con el Ministerio, que no se cumplió.
Evidentemente esto fue tema de los debates presidenciales y los candidatos coincidieron en que no sólo con los profesores hay deudas históricas, también con los jubilados, en términos previsionales, deudas acarreadas de distintas épocas del país y particularmente el candidato Frei terminó señalando que sería imposible para el gobierno pagar todas las deudas, porque la plata no alcanza para eso.
Ciertamente las deudas son un problemas, quien está endeudado está en un problema. No en vano la gran mayoría de los chilenos reclama contra el gran acusador de los deudores que es Dicom, nadie quisiera tener su nombre allí, se dice que el alrededor del 70% de los chilenos figura en Dicom, algo así como 12 millones de compatriotas.
A muchos las deudas les quita el sueño y el apetito otros quieren ignorarlas, pero eso no mejora su condición.
Otros están derechamente amenazados formalmente, de acusaciones judiciales, de embargos y otros ya han sufrido pérdidas en sus bienes debido a sus deudas.
Pero déjeme decirle algo querido amigo. No son estas las únicas deudas. Las deudas históricas, las deudas en el comercio, las deudas con el banco, las deudas hipotecarias, no son las únicas deudas, quizás sean las que estén más presentes en nuestra mente, porque nos encontramos con nuestros acreedores día a día.
Pero hay una deuda mayor que Ud. Necesita tomar en cuenta, es la deuda que deja el pecado, es una deuda con Dios.
El verdadero pecado no es una caricatura, no es necesariamente una mala acción, el verdadero pecado es no creerle a Dios, es rechazar la invitación de Jesucristo, es no darle un lugar en nuestra vida a quien nos dio la vida.
El hombre de hoy se ha vuelto moralista, vive bien con sus vecinos, no tiene pecados escandalosos o socialmente repudiables, aun dice que respeta las cosas de Dios, pero eso no es suficiente para librarle de la deuda del pecado.
Es como aquel que recibe las cartas de notificación del banco o de la casa comercial y no las abre para no descubrir su verdadero estado…..eso no va a evitar su deuda…. ni mucho menos aplacara las consecuencias.
Rechazar el mensaje de Jesucristo, ignorar la voz de Dios, es pecado, y el pecado nos aleja de Dios. San Pablo lo dijo: “por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23) No recibir a Jesucristo, nos mantiene lejos de Dios, no abrir nuestro corazón para recibir la gracia de Dios, nos impide llegar al cielo.
La permanente lucha contra Dicom tiene como objetivo que el deudor borre su nombre de la lista negra. El sueño dorado del deudor sería que alguien venga y pague sus cuentas, que se borrara su deuda, pero nadie paga una cuenta ajena.
Sin embargo querido amigo Jesucristo vino a pagar nuestra deuda por el pecado. Colosenses 2:14 dice que Jesucristo: “Anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria… clavándola en la Cruz”
Sí, Jesucristo vino a pagar, en la Cruz del Calvario, nuestra deuda por el pecado …esa acta que estaba en nuestra contra era una sentencia de muerte… era un juicio condenatorio, pero Cristo vino a pagarla
La peor perdida no es la de los bienes por las deudas, la peor pérdida es la de la vida.
Jesucristo lo advirtió cuando dijo “Que aprovechara al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma” (Mt. 16:26)
No tiene sentido tanta preocupación por no perder un bien material y descuidar lo más valioso que tenemos, la vida.
San Pablo nos recuerda que “… la paga del pecado es muerte, mas el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús” (Ro. 6:23)
El pecado paga mal, siempre paga mal, pero Dios desde el cielo envió a Jesucristo como su mejor regalo para pagar nuestra deuda por el pecado.
Usted no tiene porque ser un esclavo del pecado, o vivir con temor
Si quiere abandonar el pecado,
Si quiere cambiar verdaderamente su vida
Acepte el regalo que Jesucristo le da, el perdón de todos sus pecados y una vida eterna,ábrale su corazón y viva para Él



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