
Por Pr. Néstor Marabolí Tenorio.
Sábado 26 de Diciembre de 2009
Creo que todos los chilenos conocemos a Leonardo Farkas, este músico y empresario que retornó a Chile para reflotar el negocio familiar. Farkas se hizo conocido, no sólo por su fortuna y extravagancia, sino por su generosidad. Sus propinas sobresalientes, sus donaciones millonarias, no han dejado indiferente a nadie.
En la teletón del 2007 donó 100 millones de pesos y 135 millones anuales por cinco años para el centro de Copiapó. Y en el 2008 su aporte llegó a mil millones. Hace unos días atrás auspicio al deportista Tomas González donándole en un solo día 80 millones. Y desde ese momento ha estado negociando la modificación de la ley de donaciones.
En todo caso, son muchos más los hombres de negocios con corazón generoso. Pero no sólo hombres pudientes son generosos
Particularmente en fechas como estas, cercanas a navidad, el corazón de todos, se vuelve más abierto. Cada uno aun con un presupuesto limitado trata de ser generoso, una buena muestra de eso es la Campaña “Un Niño en mi Corazón” que se realiza en Frutillar, con mucho éxito.
Todos tratamos de ser generosos, pero nunca se ha visto que un rico llegue a empobrecerse, para que un pobre llegue a ser rico, si lo pensamos probablemente lo consideraríamos una locura
Pero San Pablo nos cuenta una historia así cuando dice: “Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos”. (2 Co. 8:9 NVI).
Todos los actos de generosidad que más nos impresionen ni se comparan con el amor de Jesucristo por nosotros, que dejó su gloria, para nacer en la condición más humilde, para humillarse al máximo, llegando al punto de morir como malhechor, para que Ud. Y yo tengamos el regalo de su vida eterna, para que Ud. Y yo podamos entrar al cielo donde Él mora y vivir con Él por la eternidad.
Éramos pobre y sin posibilidad a causa del pecado, pero Él, Jesucristo bajó del cielo como el regalo de Dios para darnos la salvación y la entrada al cielo.
De nada sirve tener un pesebre en casa o un corazón generoso para dar, si Ud. No reconoce su pobreza y su condición de pecado que le aleja de Dios, para abrir su corazón a Jesucristo y recibir el regalo de la vida eterna.
Le invito para que en estos días de Navidad, reciba a Jesucristo en su corazón, cuando lo haga, Él va a borrar sus pecados, Él va a darle la entrada al cielo, Él va a cambiar su vida y su rumbo. Cuando abra su corazón a Jesucristo, Ud. Nunca más será el mismo.
Ud. Necesita confesar que Jesucristo es el Hijo de Dios, pedirle perdón por sus pecado y pedirle que venga a morar en su corazón, para poder entrar al cielo.
No deje pasar esta oportunidad, reciba a Jesucristo hoy.



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